Música

lunes, 10 de mayo de 2010

Sin nombre

Agarro mi chaqueta y me dispongo a salir, solo quiero despejarme. Camino por las calles vacías de la ciudad; ningún auto, ningún niño llorándole a su madre, ningún perro durmiendo entre cartones. Ya no sé qué hacer, me siento confundido entre tanta soledad, tanto griterío silencioso, tan poca luz. Pero me detengo un segundo, miro a mi alrededor y pienso: Debo continuar.

Son las 23:30 horas y la noche es prominente, por lo menos hasta ahora. Mi mente va haciendo nexos con mis gustos, al extremo de que el lugar al que de a poco me voy adentrando me vaya gustando.

La soledad y la frialdad predominan en este sitio. Las rejas imitan muy bien cuatro paredes, pero me pregunto: ¿Dónde estoy? Miro a mí alrededor y veo grandes bodegas de lata con la mayoría de sus ventanas trisadas o quebradas.

El óxido abunda en gran parte de los paneles latosos que construyen hogares de fierros, y estos a la vez, construyen un hábitat industrial.

Mi cuerpo y mi mente reaccionan con complacencia y puedo sacar como conclusión que este es mi lugar.

Necesito dejar el sitio. Camino de espaldas para grabar con mi mirada la imagen del lugar que con la noche se convierte en un regazo de pensamientos y emociones.

Me giro para seguir mi marcha con paso firme, mirando la decadencia de los muros de estos callejones por los que me dirijo a mi punto de partida.

Mi mente se siente tranquila, lo que da como resultado una sola cosa: mi normalidad diaria me espera.

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Texto que lo hice en conjunto con "Naturaleza y metales: combinación cínica". Le doy gracias a Peque por ayudarme con unas partes del texto.

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Imágenes de gusto propio